
Manglares de Panamá: ciencia, historias y acción ciudadana
Un screening en Ciudad de Panamá reunió ciencia, historias y fotografía para impulsar la defensa de los manglares y la participación en la consulta pública.
We are living through a historical irony where megaprojects promise “progress” wrapped in polished images and seductive rhetoric. In this context, the task of telling the truth, with evidence, experience, and local knowledge, becomes urgent.
On this occasion, four voices who know the Gulf of Chiriquí, its mangroves and biodiversity react to the promotional video of Puerto Barú Project, an advertisement that attempts to portray the port as an opportunity for the region.
But as they warn, what the video doesn’t show is precisely what matters most..
See the reactions here
Advertising can soften the edges, but it cannot hide the essential: Mangroves are natural infrastructure. They are living walls against storms, oxygen factories, nurseries for marine life, and silent climate regulators. Their value is not measured in square meters, but in protection, food, and stability for thousands of people. When a mangrove is destroyed, it is not “vegetation” that is lost: a natural defense that money cannot replace is lost. That is why, Development cannot be built on the foundation of destroying what protects us.
Today, defending the rights of nature is also defending Panama.

Estamos viviendo una ironía histórica donde los megaproyectos prometen “progreso” envuelto en imágenes pulidas y discursos seductores. En este contexto la tarea de decir la verdad, con evidencia, experiencia y conocimiento local, se vuelve urgente.
En esta ocasión, cuatro voces que conocen de cerca el Golfo de Chiriquí, sus manglares y su biodiversidad, reaccionan al video promocional del Proyecto Puerto Barú, una pieza publicitaria que intenta mostrar el puerto como una oportunidad para la región.
Pero como advierten ellos, lo que el video no muestra es precisamente lo que más importa.
Mira las reacciones aquí
Una publicidad puede suavizar los bordes, pero no puede ocultar lo esencial: los manglares son infraestructura natural. Son muros vivos contra tormentas, fábricas de oxígeno, viveros de vida marina y reguladores silenciosos del clima. Su valor no se mide en metros cuadrados, sino en protección, alimento y estabilidad para miles de personas. Cuando se destruye un manglar, no se pierde “vegetación”: se pierde una defensa natural que el dinero no puede reemplazar. Por eso, el desarrollo no puede construirse sobre las bases de destruir lo que nos protege.
Hoy, defender los derechos de la naturaleza es también defender a Panamá.