Proteger los Manglares de David también es sembrar el futuro
Hay personas que enseñan una materia y existen otras que cambian el rumbo de una comunidad. Hace 26 años, Olga Samaniego decidió quedarse en Pedregal, Chiriquí. Pudo haberse ido, pero eligió enseñar en el mismo lugar donde creció, muy cerca de los Manglares de David, uno de los ecosistemas más importantes de Panamá.
Su decisión nunca fue solamente convertirse en profesora, fue un llamado aapostar por las próximas generaciones «Estos chicos me dan esperanza, la juventud me da esperanza porque si tú dejas un legado, tu esperanza es que ellos continúen ese legado.» Para Olga, educar nunca ha significado únicamente enseñar ciencias, significa formar personas capaces de proteger el territorio donde crecieron.
Crecer junto a los manglares de David
«Yo crecí aquí desde los dos años y vivíamos muy cerca de la zona de manglar” así comienza su historia con una infancia marcada por esteros, monos ardilla, lagartos y la vida que florece alrededor de los manglares. Años después, ese mismo paisaje terminaría definiendo su vocación alrededor de un ecosistema que inspira vocaciones.
Durante más de dos décadas, Olga ha trabajado para que sus estudiantes descubran el valor del lugar donde viven. «Quiero ayudar a mis estudiantes a salir de ese estigma… y que aprecien lo que tienen a su alrededor, su ecosistema más cercano son los manglares.» Así nació una brigada ambiental que con los años evolucionó hasta convertirse en un club de ciencias.
Hoy varios de esos estudiantes estudian Biología, Ingeniería Biomédica y otras carreras científicas, algunos incluso obtuvieron becas internacionales. Uno de esos proyectos escolares sobre erizos de mar terminó llevando a dos estudiantes hasta la Universidad de Arkansas.
Los Manglares de David también educan
La historia de Olga demuestra que los manglares no solo albergan biodiversidad, también inspiran conocimiento. Según el informe Climatic and Ecological Value of the Mangroves of Chiriquí (2026), cerca del 25% de todos los manglares de Panamá se encuentran en Chiriquí, formando uno de los ecosistemas de manglar más grandes de América Latina.
Es un lugar donde la naturaleza sigue enseñando todos los días y donde aprender a observar también puede transformar una vida.
Puerto Barú y las generaciones que vienen
Mientras la comunidad científica continúa reconociendo el valor excepcional de los Manglares de David, el proyecto Puerto Barú mantiene abiertas preguntas sobre los posibles impactos que una intervención de esta magnitud podría generar sobre este ecosistema. Cuando se altera un manglar no solo cambia el paisaje, también cambia el territorio donde aprenden las próximas generaciones.
Esta es solo una historia
«Vamos a tener una generación más sensibilizada sobre manglares, sobre protección de bosques, sobre protección de ecosistemas y, sobre todo, capaz de luchar por lo que quiere.” Las palabras de Olga resumen algo que la ciencia no puede medir.
El verdadero legado de un ecosistema no está únicamente en las especies que protege, también está en las personas que inspira, porque los Manglares de David no solo almacenan carbono, también siembran curiosidad.
#DefiendeLosManglares