Cuando desaparece un manglar, también desaparecen las historias que viven en él porque hay conocimientos que no se aprenden en un salón de clases, se aprenden caminando entre el agua y las raíces, observando las mareas, escuchando a los abuelos.
Esta es una historia enraizada en el legado, la familia Bernal, es una familia de Chiriquí cuya vida ha estado profundamente ligada a los Manglares de David, hoy tres generaciones están unidas al manglar a través de la tradición de recolección de conchas.
Este oficio trae consigo memoria y también una identidad que define a una familia completa que declara la intención de seguir con el legado de la abuela «A nosotras nos gustaría seguir con esta tradición porque gracias a mi abuela nosotras aprendimos. Como ella aprendió de sus abuelos, nosotras aprendimos de ella.»
Un conocimiento que se hereda
Para muchas familias de Chiriquí, el manglar no es un paisaje, es parte de la historia familiar. Desde pequeñas, las hermanas Bernal acompañaban a su abuela hasta los manglares para aprender a recolectar conchas. «Nos llevaban desde muy pequeñas a la isla y gracias a ella sabemos agarrar las conchas.»
Lo que parece un gesto cotidiano representa tradición, cultura y una relación con el territorio construida durante generaciones donde los manglares son el ecosistema que permite conservar formas de vida.
El sustento nace del manglar
Existe una realidad compartida por numerosas comunidades costeras de Panamá «El sustento lo encontramos en los manglares, porque si nosotros no vamos a recolectar conchas, no tenemos un salario, un sustento.». Porque para quienes viven junto al manglar, este ecosistema no solo protege la biodiversidad también sostiene economías familiares.
El informe Valor Climático y Ecológico de los Manglares Amenazados de la Provincia de Chiriquí, Panamá confirma esta relación donde se destaca a los Manglares de David como sostenedores de pesquerías comerciales y contribuyen directamente a la seguridad alimentaria de las comunidades locales. Abarcando cerca de 79.686 hectáreas y representando aproximadamente el 25% de todos los manglares de Panamá,
Manglares de David mucho más que árboles
El valor humano que guardan estos ecosistemas sostienen conocimientos, oficios y prácticas que difícilmente pueden recuperarse una vez que desaparecen. Cuando un ecosistema se pierde, también se pierde parte de la memoria colectiva de quienes han vivido en él durante generaciones.
La ciencia confirma algo que las comunidades conocen desde hace mucho tiempo con los manglares intactos, el número de personas expuestas a inundaciones disminuye de manera significativa. Según el informe Valor Climático y Ecológico de los Manglares Amenazados de la Provincia de Chiriquí, Panamá sin este ecosistema, hasta 590 personas podrían verse afectadas por inundaciones. Con el manglar conservado, esa cifra se reduce a 41 personas.
Puerto Barú y una decisión sobre el futuro
Mientras los Manglares de David continúan siendo reconocidos por su enorme valor ecológico y social, el proyecto Puerto Barú mantiene abiertas preguntas sobre los posibles impactos que una intervención de esta magnitud podría generar sobre este ecosistema.
Esta es solo una historia la familia Bernal podría ser la de muchas otras familias que han encontrado en los manglares su hogar y su forma de vida. Cada enseñanza compartida entre abuelos, hijos y nietos forma parte de un patrimonio que no aparece en los mapas, pero que sostiene comunidades enteras.
Porque proteger los manglares también es proteger a quienes han aprendido a vivir junto a ellos. Lo que pase después, depende de nosotros.
#DefiendeLosManglares