Mientras el mar parece calmo en las costas de Chiriquí, bajo su superficie laten cambios que no podemos ignorar.. El proyecto portuario Puerto Barú en Chiriquí pretende abrir un canal de navegación a través del área protegida de Manglares de David, una especie protegida por la Ley 304 de 2022.
Según el informe técnico independiente de Lynker (2024), el dragado requeriría la remoción de más de 9 millones de metros cúbicos de sedimentos, generando plumas de dispersión que podrían extenderse varios kilómetros, que podrían reducir la capacidad de los manglares para proteger la costa de la erosión. Además, Puerto Barú tiene una profundidad de pocos metros en marea baja, lo que implica dragados continuos y costosos para permitir el paso de buques medianos.
📍Video en Puerto Cabrito, dentro de la Bahía Muerto, el punto donde el proyecto Puerto Barú propone abrir su canal de navegación
Las advertencias no son menores “las actividades de dragado del canal de navegación tendrán efectos perjudiciales sobre el ecosistema de manglares debido a la sedimentación, los cambios en la salinidad y la interrupción de la conectividad ecológica” Lynker (p. 6). También señala que el modelo de dispersión utilizado por los promotores “no siguió las mejores prácticas científicas”, lo que pone en duda la validez de sus conclusiones ambientales (p. 7).
Puerto Armuelles, por otro lado, ya cuenta con aguas naturalmente profundas, lo que “eliminaría la necesidad de costosos dragados de capital y mantenimiento”, informe Lynker (2025) (Resumen Ejecutivo p.1) y reduciría los riesgos sobre los ecosistemas sensibles.
El dragado no solo remueve arena: remueve la vida que sostiene a Panamá como país costero. Elegir un puerto que ya se construyó, Armuelles, destaca que el desarrollo sostenible es posible si se utilizan las alternativas portuarias existentes.
¡Avancemos hacia un desarrollo que no destruya aquello que nos protege!
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