La salud de los manglares depende directamente de la calidad del agua. Cuando se altera el fondo marino, las consecuencias son reales:
- Ecosistemas vulnerables
La remoción de sedimentos enturbia el agua, afecta las raíces del manglar y debilita su capacidad de regenerarse, poniendo en peligro a las especies que nacen y crecen allí. - Calidad del agua comprometida
El dragado y la contaminación reducen el oxígeno, alteran los flujos naturales y aceleran el deterioro de uno de los ecosistemas más productivos del país. - Impacto irreversible
Un manglar degradado significa menos biodiversidad, menos protección costera y un futuro más frágil frente al cambio climático.
Según el informe técnico independiente de Lynker (2024), el dragado requeriría la remoción de más de 9 millones de metros cúbicos de sedimentos, generando plumas de dispersión que podrían extenderse varios kilómetros, que podrían reducir la capacidad de los manglares para proteger la costa de la erosión. Además, Puerto Barú tiene una profundidad de pocos metros en marea baja, lo que implica dragados continuos y costosos para permitir el paso de buques medianos.
Las advertencias no son menores “las actividades de dragado del canal de navegación tendrán efectos perjudiciales sobre el ecosistema de manglares debido a la sedimentación, los cambios en la salinidad y la interrupción de la conectividad ecológica” Lynker (p. 6). También señala que el modelo de dispersión utilizado por los promotores “no siguió las mejores prácticas científicas”, lo que pone en duda la validez de sus conclusiones ambientales (p. 7).
Puerto Armuelles, por otro lado, ya cuenta con aguas naturalmente profundas, lo que “eliminaría la necesidad de costosos dragados de capital y mantenimiento”, informe Lynker (2025) (Resumen Ejecutivo p.1) y reduciría los riesgos sobre los ecosistemas sensibles.
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