Las palabras muchas veces prometen más que la realidad. El greenwashing, como se le llama, no consiste solo en campañas publicitarias, sino en estrategias políticas y comunicacionales que manipulan el lenguaje ambiental para legitimar el extractivismo.
De esta manera los llamados “Eco-puertos” prometen “turismo sostenible” y “progreso azul”, pero, lamentablemente, detrás del discurso verde se esconden daños irreversibles. El marketing ambiental puede ocultar el impacto ambiental. El informe de CSF compara casos latinoamericanos donde grandes proyectos portuarios prometieron desarrollo y modernización, pero en la práctica generaron daños profundos sobre ecosistemas y comunidades.
La expansión que desplazó comunidades: el caso del Puerto de Santos (Brasil)
El Puerto de Santos, el más grande de América Latina, fue presentado como un modelo orientado a dinamizar la economía de São Paulo mediante tecnología y eficiencia energética. Sin embargo, el análisis del CSF (basado en Ferreira & Clauzet, 2014 y Rajab et al., 2020 pp. 17-21) revela que la expansión del puerto sepultó amplias zonas de manglar y alteró los patrones de inundación en la comunidad tradicional Caiçara de la Isla Diana, dependiente de la pesca artesanal.
El informe muestra que el proyecto portuario generó pérdida de medios de vida tradicionales, desplazamiento cultural y ruptura de vínculos comunitarios, mientras las promesas de empleo e infraestructura nunca se cumplieron.
Este caso evidencia cómo el lenguaje corporativo de “progreso” fue instrumentalizado para legitimar la expansión industrial, invisibilizando los costos sociales y ambientales.
“Desde 2003, la forma de vida de los habitantes caiçaras de la Isla Diana se ha visto afectada por impactos socioambientales negativos debido a la instalación de nuevos terminales portuarios… a pesar de los compromisos asumidos para mitigar esos impactos, estos no se cumplieron de manera adecuada.” (CSF, 2024, pp. 19–21)
Impactos acumulativos y erosión ecológica: el caso de Buenaventura (Colombia)
El Puerto de Buenaventura ha sido públicamente presentado como un “puerto ecoeficiente”, según medios y autoridades, los que destacan su supuesto compromiso ambiental a pesar de la evidencia científica sobre erosión, degradación de manglares y contaminación acumulada.
El informe CSF (pp. 26–30) documenta, con base en la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA, 2020), que el dragado continuo y la expansión portuaria provocaron erosión costera severa, pérdida de manglares y contaminación por hidrocarburos y metales pesados.
El informe enumera (p. 28) los impactos acumulativos: pérdida de hábitats submareales, bioacumulación de contaminantes, reducción de recursos pesqueros y desplazamiento de comunidades afrodescendientes.
Aunque se difundió un discurso de “responsabilidad ambiental y progreso compartido”, en la práctica las poblaciones locales no se beneficiaron del crecimiento portuario, y los indicadores sociales (empleo, vivienda, seguridad) siguieron deteriorándose.
“Las actividades portuarias y el dragado generaron pérdida de biodiversidad, modificación de hábitats, desplazamiento de la línea costera y efectos significativos sobre las comunidades tradicionales de pesca artesanal.”
(CSF, 2024, p. 28)
Los casos analizados por el CSF (2024) evidencian un patrón común (pp. 33–34):
- Impactos negativos para las comunidades locales, incluyendo pescadores artesanales.
- Falta de contribución clara de los Estudios de Impacto Ambiental a la reducción y compensación de los impactos a los ecosistemas costeros, incluyendo corales y manglares.
- Necesidad de incluir a todas las partes afectadas desde las etapas iniciales de la decisión.
Estos patrones sirven como advertencia directa para Panamá: cuando se promete “progreso”, pero el costo ambiental recae sobre manglares y comunidades, el país pierde más de lo que gana.
Este análisis, incluido en el capítulo “2.1. Analysis of Case Studies del informe, es presentado por el CSF como precedente directo para comprender los riesgos de repetir el mismo modelo con el proyecto Puerto Barú en David, dentro del área protegida Manglares de David.
Los manglares de Panamá, la biodiversidad del Golfo de Chiriquí y sus especies y ecosistemas en Panamá necesitan protección real. #NoAPuertoBarú #DefiendeLosManglares #StandForNature #NoAPuertoBaru