¡La naturaleza tiene voz! Y tú puedes ser uno de sus defensores!
En 2022, Panamá dio un paso histórico para el planeta: aprobó la Ley de Derechos de la Naturaleza, reconociendo que los ecosistemas tienen el derecho legal a existir, persistir y regenerarse. Reconocer que la naturaleza tiene derechos implica entender que la vida no es un privilegio exclusivo de los seres humanos. Los ríos, los bosques, los océanos y las especies que los habitan también tienen derecho a existir, regenerarse y cumplir sus ciclos vitales sin ser destruidos.
Este principio nace de una visión ética y ancestral: la de ver a la Tierra como un ser con valor propio, no como una fuente inagotable de recursos. Así como los derechos humanos protegen la dignidad de las personas, los Derechos de la Naturaleza buscan garantizar la dignidad de los ecosistemas, porque sin ellos —sin agua, sin manglares, sin aire limpio— no hay futuro posible para nadie.
Pero ese logro, que parecía intocable, hoy se enfrenta a una contradicción. En el Golfo de Chiriquí, el proyecto portuario Puerto Barú amenaza con vulnerar los principios de la Ley de Derechos de la Naturaleza. Según el Environmental Impact and Economic Valuation Report elaborado por Lynker (2024, págs. 4–10), la construcción del puerto implicaría dragados en los Manglares de David, un área reconocida por su alta captura de carbono, su rol en la protección costera y su biodiversidad única. El estudio advierte que el canal de acceso al puerto atravesaría zonas de manglar bajo jurisdicción estatal, degradando hábitats esenciales, liberando carbono almacenado y contradiciendo los compromisos climáticos de Panamá, que incluyen reducir sus emisiones en 11.5 % para 2030 y restaurar 50 000 hectáreas de manglares para 2050.
Frente a esta amenaza, la campaña No a Puerto Barú ha unido a más de 60 organizaciones, científicos y líderes ambientales, junto al apoyo de la sociedad civil, #NoaPuertoBarú es más que una coalición, es un movimiento que crece a diario en la protección del ambiente, una voz en defensa de la naturaleza en defensa de la coherencia ambiental del país. Apelando a que Chiriquí tenga un puerto y con él el deseado progreso de la región en Puerto Armuelles, un sitio con infraestructura existente y menor impacto ecológico.
Esta lucha va más allá de un puerto: es en defensa de la vida. Los manglares son los guardianes del clima y de la vida costera. Almacenan cuatro veces más carbono que los bosques tropicales, sostienen economías locales, y representan una de las mayores contribuciones de Panamá al equilibrio del planeta.
Proteger los manglares no es detener el desarrollo: es redefinirlo desde la justicia ecológica. Porque el progreso es con la naturaleza, no contra ella.
Únete al movimiento No a Puerto Barú todos juntos defendemos la vida.
#DefiendeLosManglares #StandForNature #NoAPuertoBarú